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Tétanos una enfermedad que no da miedo gracias a las vacunas

El tétanos es una enfermedad infecciosa que produce unos síntomas terribles y puede ser fatal si no recibe tratamiento. En los países desarrollados se encuentra prácticamente erradicada, debido al esfuerzo masivo de vacunación que se ha llevado a cabo para inmunizar a la población. Sin embargo, es todavía una de las causas principales de mortalidad neonatal en el mundo. En este artículo explicaremos en qué consiste la enfermedad y cómo funciona su vacuna.

Características del tétanos

El tétanos es causado por la bacteria Clostridium tetani. Esta bacteria vive en ambientes carentes de oxígeno (es anaerobia), y al igual que otras bacterias del género Clostridium produce esporas resistentes. Estas esporas son capaces de sobrevivir en ambientes ricos en oxígeno y son las responsables de las infecciones de tétanos. Las esporas de esta bacteria se encuentran principalmente en suelo contaminado con materia fecal

La creencia popular es que son los cortes con metales oxidados los que causan el tétanos. Esto no es del todo correcto, pues un corte con un metal oxidado puede no causar la enfermedad, mientras que cualquier herida en la que entren las esporas de la bacteria puede desencadenar una infección. Una vez las esporas entran en el cuerpo, al encontrarse en un ambiente pobre en oxígeno, empiezan a multiplicarse e inician la infección.

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Imagen 1. La vía principal de infecciones por tétanos son las heridas que entran en contacto con suciedad, lo cual incluye (pero no se limita a) cortes sufridos con metales oxidados.

A medida que progresa la infección, C. tetani produce dos neurotoxinas, la tetanolisina y la tetanoespasmina. La tetanoespasmina es la causante del tétanos, y se la denomina comúnmente toxina tetánica. Esta toxina interactúa con las membranas de las neuronas motoras musculares, impidiendo que puedan actuar los neurotransmisores inhibidores de señal, lo que provoca la contracción espasmódica e incontrolable de los músculos.

La tetanoespasmina es una de las toxinas más potentes que se conocen, siendo letal una dosis de apenas 2,5 nanogramos por kilogramo de peso corporal. Por lo tanto, 175 nanogramos (menos de 0,2 miligramos) son capaces de matar a una persona de 70 Kg. La bacteria C. tetani está emparentada con C. botulinum, que produce otra potente neurotoxina, la botulínica (causante del botulismo y que se usa en cirugía estética en forma de Botox).

Un efecto interesante de la enorme toxicidad de la toxina tetánica es que las infecciones de tétanos no generan inmunidad frente a futuras infecciones, pues el sistema inmunológico no es capaz de generar una respuesta lo suficientemente fuerte frente a la toxina. Otra particularidad de esta enfermedad es que no es contagiosa entre seres humanos.

Síntomas de la enfermedad

El tétanos puede manifestarse de tres formas dependiendo de la zona donde se haya iniciado la infección.

El tétanos generalizado es la forma más común de la enfermedad, que se extiende a todo el cuerpo. Los síntomas son fiebre, espasmos y ritmo cardíaco acelerado. Los síntomas pueden durar semanas y la recuperación completa puede llevar meses.

La segunda forma es el tétanos local, que se manifiesta en la zona próxima a la herida que inició la infección y puede desencadenar tétanos generalizado o desaparecer. El tétanos, como se ha descrito anteriormente, ocurre cuando las esporas de C. tetani entran en el organismo a través de una herida abierta.

La tercera forma de la enfermedad es el tétanos neonatal, que se produce por infección a través del cordón umbilical. Esto puede ocurrir por malas prácticas de esterilización del material sanitario o por ciertas prácticas culturales, como frotar estiércol en el ombligo del bebé para que la herida cicatrice.

El tiempo de incubación y severidad de los síntomas son inversamente proporcionales a lo alejada que se encuentre la herida de la cabeza. Así, si la infección se inicia en una extremidad resulta menos peligrosa que si lo hace en la cabeza. Los primeros síntomas son rigidez en la mandíbula y el cuello. A medida que los espasmos se extienden, pueden conllevar dificultades respiratorias al afectar al diafragma, y son tan fuertes que pueden partir algunos huesos, causando hemorragias.

Desarrollo de la vacuna del tétanos

La bacteria C. tetani fue aislada por primera vez en 1889 por el renombrado bacteriólogo Kitasato Shibasaburo (que también descubrió la bacteria causante de la peste bubónica y desarrolló las antitoxinas para la difteria y el ántrax). En 1924 se desarrolló un método para inactivar la toxina tetánica mediante formaldehído. Esto permitió inyectar una forma debilitada y no dañina de la toxina, llamada toxoide, que permite al cuerpo desarrollar inmunidad frente a la toxina

Además, existe una antitoxina elaborada a partir de plasma sanguíneo purificado, la inmunoglobulina tetánica, también conocida como inmunoglobulina antitetánica o simplemente antitoxina tetánica. Esta antitoxina no confiere inmunidad a lo largo del tiempo, a diferencia del toxoide, sino que inhibe la actividad de la toxina tetánica, lo que se conoce como inmunidad pasiva. Sin embargo, la toxina no puede ser inhibida una vez se ha unido a la membrana de las neuronas, por lo que la antitoxina actúa únicamente contra la toxina que circula en la sangre.

El tratamiento médico del tétanos consta de tres partes: antibióticos para eliminar la bacteria, antitoxina para neutralizar la tetanospasmina y relajantes musculares para evitar los espasmos mientras duren. El proceso de recuperación es lento, pues es necesaria la renovación completa de la membrana celular de las neuronas que hayan entrado en contacto con la toxina.

La principal vía de entrada de C. tetani en el organismo es a través de aberturas en la piel. Las personas que han sufrido heridas en la piel y han tenido contacto con suciedad, o han sufrido una herida extensa, deben recibir una dosis de refuerzo de la vacuna. En personas que no habían sido vacunadas previamente o cuyo historial de vacunaciones es desconocido se aplica también la antitoxina, pues esta actúa de forma inmediata sin necesitar que el sistema inmune genere una respuesta.

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Imagen 2. La inmunidad conferida por la vacuna del tétanos tiene una duración de unos 10 años, por lo que se administran dosis de refuerzo posteriores. Además, se suele administrar una dosis de refuerzo en el caso de sufrir una herida susceptible de iniciar la infección.

La vacunación frente al tétanos se lleva a cabo junto con la vacunación frente a la difteria. Así, una misma vacuna contiene los toxoides del tétanos y de la difteria. También hay vacunas que contienen ambos toxoides y la vacuna contra la tos ferina, o todas ellas junto con la vacuna contra la poliomielitis, así como la vacuna contra la hepatitis B y también hay una vacuna que inmuniza contra el Haemophilus influenzae tipo B. 

Erradicación de la enfermedad

Todas estas vacunas protegen contra enfermedades especialmente dañinas para los niños, por lo que en los países donde están disponibles se administran varias dosis durante los primeros años de vida. En el caso del toxoide tetánico, se suelen administrar tres dosis en los primeros seis años de vida, a partir de los dos meses, y se aplican dosis de refuerzo posteriores. Se estima que la inmunidad conferida por la vacuna puede durar hasta 10 años desde la última dosis recibida. 

La forma principal por la que se evita el tétanos neonatal, además de mediante la adopción de prácticas adecuadas de higiene durante y tras el parto, es mediante la inmunización de la madre durante el embarazo, pues el toxoide es transferido al bebé a través de la placenta. De esta forma, el bebé ya cuenta con inmunidad frente al tétanos en el momento de nacer.

Como apunte final, cabe destacar que la vacuna antitetánica ha sido puesta en el punto de mira de grupos antivacunas (aunque el tema de moda actualmente sean las vacunas del COVID-19), debido a la cantidad de dosis de esta vacuna que se aplican a lo largo de la vida y a que una misma vacuna inmuniza frente a varios patógenos. Que la vacuna se aplique a mujeres embarazadas también ha sido objeto de controversia por parte del movimiento antivacunas.

No deja de ser llamativo este rechazo a la vacuna, siendo que el tétanos mata cada año a entre 50.000 y 80.000 personas en todo el mundo, la mitad de ellas niños. El hecho de que en los países desarrollados esta enfermedad haya sido erradicada y no tengamos conciencia del peligro que supone, es una clara muestra de lo eficaces que son las vacunas.

Fuentes

  1.  Atkinson W, Hamborsky J, McIntyre L, Wolfe C (eds.) (2008). Tetanus Epidemiology and Prevention of Vaccine-Preventable Diseases (10th ed.). Public Health Foundation. pp. 71-80. ISBN 978-0017066053.
  2. Wells CL, Wilkins TD (eds.) (1996). Clostridia: Sporeforming Anaerobic Bacilli. In: Baron S, editor. Medical Microbiology. 4th edition. Galveston (TX): University of Texas Medical Branch at Galveston. Chapter 18. ISBN 0-9631172-1-1.
  3. Kanda K, Takano K (1983). Effect of tetanus toxin on the excitatory and the inhibitory post-synaptic potentials in the cat motoneurone. J. Physiol. 335: 319–333. doi:10.1113/jphysiol.1983.sp014536
  4. Roper MH, Wassilak SGF, Tiwari TSP, Orenstein WA (2013). Tetanus toxoid. Vaccines, 746–772. doi:10.1016/b978-1-4557-0090-5.00039-2
  5. Remington J, Klein J, Wilson C, Nizet V, Maldonado Y (2011). Infectious Diseases of the Fetus and Newborn (7thEdition). ISBN 9781416064008.

Rubén Portela
Biólogo, doctorado en ecología por la Universidad de A Coruña. Apasionado por la ciencia y enamorado desde la infancia de la naturaleza y los animales, especialmente la biología marina y los insectos.