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La peste negra: la peor epidemia de la humanidad

El año 2020 pasará a la historia por el desarrollo a nivel mundial de la pandemia de covid-19, causada por el virus SARS-CoV-2. Un año tras la aparición de los primeros casos, se ha cobrado la vida de casi dos millones de personas en todo el mundo.

Se trata de la pandemia más mortífera desde la conocida como gripe española, causada por una variante del virus de la gripe A H1N1, que entre 1918 y 1920 provocó la muerte de entre 50 y 100 millones de personas.

Sin embargo, a pesar de lo alarmante de estas cifras, hubo otra epidemia anterior cuya letalidad y número de muertes no tienen precedente en la historia conocida.

La muerte negra

Se conoce como peste negra, muerte negra, Pestilencia o Plaga a la epidemia de peste bubónica que asoló Asia, Europa y el norte de África entre los años 1346 y 1353. Las cifras de mortalidad están lejos de ser exactas, pero rondan un mínimo de 75 y un máximo de 200 millones de muertos.

Para poner estas cifras en contexto, debemos saber que la población humana en aquella época se estimaba en menos de 500 millones de personas. La epidemia redujo la población de Europa entre un 30% y un 60%, y la población mundial en un 25%. No fue hasta un siglo y medio más tarde cuando la población europea alcanzó el nivel que tenía antes del comienzo de la epidemia.

¿Qué provocó la peste negra?

Pero, ¿qué fue lo que provocó la epidemia? En aquella época la medicina era casi inexistente, por lo que el patógeno responsable de la enfermedad no fue identificado hasta mucho tiempo después.

Concretamente en 1894, cuando una nueva epidemia cuyos síntomas coincidían con los de la epidemia del siglo XIV comenzó en Hong Kong. Alarmados ante la posibilidad de que se produjera una nueva catástrofe a nivel mundial, diversos gobiernos europeos enviaron a equipos de médicos para que investigaran la enfermedad.

Ese mismo año, y de forma separada pero casi simultánea, el médico japonés Kitasato Shibasaburō y el médico franco-suizo Alexandre Yersin identificaron a la bacteria Yersinia pestis como causante del brote infeccioso.

La peste negra es causada por este bacilo Gram negativo anaerobio facultativo. Análisis posteriores de restos óseos de fallecidos en la epidemia del siglo XIV determinaron que se trataba del mismo patógeno.

peste negra obras de arte
Imagen 1. Los efectos de la peste negra fueron reflejados en numerosas obras de arte durante los siglos posteriores, inmortalizando así la imagen de las carretas llenas de cadáveres.

La peste negra en la naturaleza

El reservorio del patógeno en la naturaleza son poblaciones de roedores, principalmente ratas y marmotas, siendo Asia central la región donde Yersinia pestis es endémica.

El vector principal de contagio de la enfermedad en humanos son pulgas que se alimentan de la sangre de animales infectados, concretamente la pulga de rata oriental (Xenopsylla cheopis).

La bacteria sobrevive en el tracto digestivo de las pulgas, donde la temperatura limita su desarrollo pero permite su supervivencia. Cuando las pulgas muerden a otro mamífero para alimentarse de su sangre, regurgitan parte del contenido de su estómago, inoculando así la bacteria. Una vez dentro del organismo, la temperatura corporal provoca la rápida multiplicación de Yersinia pestis y desencadena la enfermedad.

Síntomas de la peste negra y características de la enfermedad

La enfermedad se conocía comúnmente como peste negra debido a uno de sus síntomas, que provoca la necrosis y el ennegrecimiento de los tejidos del cuerpo humano que se encuentran a menor temperatura, normalmente las puntas de los dedos, las orejas o la nariz.

La bacteria Yersinia pestis puede dar lugar a tres enfermedades diferentes: peste bubónica, peste neumónica y peste septicémica.

De las tres, la peste bubónica es la más común y la menos mortífera. Se caracteriza por la inflamación de los ganglios linfáticos dando lugar a unos abultamientos, conocidos como bubas (aunque no es la única enfermedad que provoca la aparición de bubas). Estos bultos suelen aparecer en el cuello, las axilas o las ingles. Otros síntomas de esta enfermedad incluyen la fiebre y el vómito de sangre. La muerte se produce entre dos y siete días tras la infección.

Por su parte, la peste neumónica se produce cuando la bacteria alcanza los pulmones, bien como consecuencia de la peste bubónica o por haber inhalado la bacteria. El síntoma característico son los esputos con sangre y la muerte se produce en dos o tres días tras la infección.

Finalmente, la peste septicémica se produce cuando la bacteria alcanza el torrente sanguíneo del paciente. Es la más rápida y letal de las tres, pudiendo causar la muerte en apenas un día sin la aparición previa de bubas. Esta variante de la enfermedad actúa de forma tan rápida que el diagnóstico se realiza comúnmente durante la autopsia.

Si la enfermedad no se trata, la peste neumónica y la peste septicémica tienen una mortalidad cercana al 100%, y la peste bubónica entre el 30% y el 60%.

Afortunadamente existen antibióticos que pueden contrarrestar el efecto del patógeno en cualquiera de las tres variantes de la enfermedad, aumentando enormemente las posibilidades de sobrevivir.

También se han propuesto dos vacunas, pero no se han llegado a desarrollar. Teniendo en cuenta la extrema rapidez con la que actúa la enfermedad, en caso de producirse un brote esporádico o un ataque bioterrorista, la posibilidad de desarrollar y aplicar la vacuna a tiempo para que sea efectiva contra la peste negra sería prácticamente nula.

El evitar la propagación de la enfermedad (por ejemplo, mediante el uso de mascarillas) y el uso de antibióticos de forma profiláctica serían decisivos para evitar un brote epidémico.

Relevancia histórica de la peste

A pesar de que la epidemia del siglo XIV fue la más conocida, no fue la primera ni la última causada por Yersinia pestis. El estudio de restos arqueológicos ha mostrado que la bacteria ya había infectado a humanos hace al menos 6.000 años.  

La enfermedad aparece descrita de forma bastante precisa en el primer canto de la Ilíada, escrita por Homero en el siglo VIII a. C., lo cual demuestra que eran conocidos los brotes de la enfermedad y sus efectos devastadores en aquella época.

En el siglo VI se produjo la primera epidemia conocida de peste bubónica, conocida como Plaga de Justiniano, llamada así por expandirse por el Imperio Bizantino durante el reinado de este emperador. Esta primera epidemia causó entre 25 y 50 millones de víctimas en Asia y Europa, un 25% de la población mundial. La enfermedad reapareció en diferentes brotes en la zona del Mediterráneo hasta el año 750. 

peste bubónica
Imagen 2. Otra figura icónica de la peste negra era el atuendo de los médicos de la peste. Iban cubiertos de pies a cabeza para evitar el contacto con los fluidos corporales, y en su característica máscara llevaban hierbas aromáticas para evitar respirar los supuestos miasmas contagiosos, así como para disimular el olor de los cadáveres.

En cuanto al origen geográfico de la epidemia de peste negra que alcanzó Europa en 1346, no hay evidencias claras de en qué zona de Asia se produjo el primer brote, pero todo indica que se transmitió por vía terrestre a través de la ruta de la seda y posteriormente a través de las rutas comerciales de marineros genoveses.

Resulta llamativo que los primeros registros históricos de la enfermedad en Europa se refieren al asedio de la ciudad de Kaffa (en Crimea) por parte de los mongoles. Estos lanzaron sobre la ciudad mediante catapultas los cadáveres de personas muertas por la peste bubónica para propagar la enfermedad entre los asediados. Sin embargo, a día de hoy se sabe que los cadáveres no transmiten la peste, por lo que el vector de contagio en la ciudad debieron ser las ratas.

En los años posteriores a la epidemia de peste negra en Europa se sucedieron nuevos brotes de forma intermitente. Así, hay registros del siglo XVII que indican que en Italia murieron por la peste bubónica casi dos millones de personas, y en España en ese mismo siglo más de un millón. La enfermedad desapareció de Europa de forma paulatina hacia el siglo XVIII.

Finalmente, la tercera gran epidemia de peste comenzó en China en 1855. Se expandió rápidamente a la India y en ambos países mató a más de 10 millones de personas en unos pocos años. Fue durante un brote posterior en Hong Kong, en 1894, cuando la bacteria fue aislada y descrita por primera vez.

Desde entonces se han producido brotes esporádicos en diferentes países, pero por suerte los avances en medicina han permitido contener la enfermedad y reducir en gran medida su letalidad.

No solo eso, sino que las prácticas modernas de salubridad y el uso de insecticidas han reducido enormemente la exposición de los humanos al vector de contagio de la enfermedad.

Aun así, el peligro no ha desaparecido por completo. En 2014 la enfermedad empezó a propagarse en Madagascar, y en 2017 un brote causó la muerte de 170 personas en la isla.

Un caso muy peculiar se produjo en 2018 en Mongolia, cuando los pasajeros de un avión tuvieron que ser puestos en cuarentena después de que un pasajero falleciera de forma repentina en pleno vuelo, debido a haber comido carne de una marmota salvaje infectada por Yersinia pestis.

peste negra marmotas
Imagen 3. Las marmotas son uno de los reservorios naturales de Yersinia pestis, bacteria causante de la peste bubónica.

Esto debe servir de recordatorio de que, a pesar de que enfermedades como la peste negra ya no causan grandes epidemias (afortunadamente) y a pesar de que existen medicamentos que pueden tratar la enfermedad, todavía son endémicas en algunas regiones del mundo, y la fauna salvaje puede actuar como transmisora del virus.

Fuentes:

  1. Little, Lester K. (2007). «Life and Afterlife of the First Plague Pandemic.» In: Little, Lester K. editor. (2007), Plague and the End of Antiquity: The Pandemic of 541-750. Cambridge University Press. (2007). pp. 8-15. ISBN 978-0-521-84639-4. 
  2. Pryor, E.G. (1975). «The Great Plague OF Hong Kong». Journal of the Royal Asiatic Society Hong Kong Branch (Hong Kong: Royal Asiatic Society of Great Britain and Ireland-Hong Kong Branch) 15: 69. ISSN 1991-7295. 
  3. Sebbane, F; Jarret, C.O.; Gardner, D; Long, D; Hinnebusch, B.J. (2006). «Role of Yersinia pestis plasminogen activator in the incidence of distinct septicemic and bubonic forms of flea-borne plague». Proc Natl Acad Sci U S A. 103 (14): 5526–5530.
  4. Byrne, J.P. (2012). «Caffa (Kaffa, Fyodosia), Ukraine». Encyclopedia of the Black Death. Santa Barbara, California: ABC-CLIO. p. 65. ISBN 978-1-59884-253-1.
  5. https://www.lavanguardia.com/sucesos/20190506/462056548934/avion-cuarentena-mongolia-brote-peste-bubonica.html

Imagen de portada: https://www.deutsche-digitale-bibliothek.de/item/SG3FOBR75EKO4KWRCV56Z3IJKQ4GR5TZ, Dominio público https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=539682

About Rubén Portela

Biólogo, doctorado en ecología por la Universidad de A Coruña. Apasionado por la ciencia y enamorado desde la infancia de la naturaleza y los animales, especialmente la biología marina y los insectos.

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