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Garrapatas, ¿un riesgo para la salud?

Todos los que tenemos gatos o perros en casa nos hemos encontrado alguna vez una o varias garrapatas enganchadas a la piel del animal. Al menos en aquellos gatos y perros que salen alguna vez a la calle. Estos molestos arácnidos pueden ser eliminados mediante pinzas o aceite, y no existe riesgo de transmisión una vez se encuentran aferradas a un animal. En caso de no retirarla manualmente, la garrapata se soltará por sus propios medios una vez se haya saciado bebiendo sangre.

Pero, ¿suponen algún riesgo para la salud humana? ¿Es correcto eliminarlas mediante los métodos mencionados? En este artículo hablaremos de estos y otros temas relacionados con las garrapatas.

Unos ácaros bastante molestos

Las garrapatas no son insectos, sino arácnidos. Concretamente, son un tipo de ácaros de gran tamaño. Los individuos adultos de algunas especies pueden crecer hasta varios centímetros cuando se encuentran completamente llenos de sangre de algún animal.

Hay tres familias de garrapatas: las llamadas garrapatas blandas (Argasidae), que parasitan principalmente aves; las garrapatas duras (Ixodidae), que incluyen la mayoría de especies conocidas y pueden parasitar aves, mamíferos o reptiles; y una tercera familia compuesta por una única especie, Nuttalliella namaqua, nativa del sur de África.

garrapatas en la vegetación
Imagen 1. Las garrapatas esperan a un posible huésped encaramadas en la vegetación, listas para aferrarse al primer animal que pase cerca. Su aspecto es aplanado cuando no se encuentran llenas de sangre del huésped.

Todas las garrapatas son ectoparásitos hematófagos. Esto quiere decir que perforan la piel del animal huésped y se alimentan de su sangre. Una garrapata puede aumentar varias veces su tamaño a medida que se alimenta. La forma que tienen estos parásitos de llegar hasta sus huéspedes es encaramarse a la vegetación y engancharse al pelaje de un animal cuando este pasa cerca (o a la ropa de una persona), desde donde alcanzan la piel.

La saliva de las garrapatas contiene una serie de sustancias analgésicas, antiinflamatorias y anticoagulantes, lo que hace que su mordedura sea imperceptible y la herida no se cierre mientras la garrapata se alimenta. Una vez abierta la piel del huésped, la garrapata introduce completamente su aparato bucal dentro de la piel y secreta una sustancia que se solidifica y la mantiene anclada con firmeza a la herida.

Las garrapatas como vectores de enfermedades

Al igual que ocurre con las pulgas y otros insectos hematófagos, una garrapata puede alimentarse de varios huéspedes a lo largo de su vida, y estos pueden ser de diferentes especies, por lo que la garrapata actúa como vector de transmisión de bacterias y otros microorganismos patógenos entre diferentes especies.

Algunas enfermedades transmitidas por garrapatas pueden ser potencialmente mortales para el ser humano. Pero antes de enumerar la cantidad de enfermedades que pueden transmitir las garrapatas, conviene aclarar dos cosas. 

La primera, que la inmensa mayoría de mordeduras de garrapata son inofensivas, bien porque la garrapata no sea transmisora de ningún patógeno o bien porque sea detectada y eliminada antes de que pueda transmitirlo. Se considera que las mordeduras que duran menos de 35 horas no implican un riesgo para la salud.

En segundo lugar, muchas de las enfermedades potencialmente peligrosas que pueden ser transmitidas por garrapatas se encuentran localizadas en una zona geográfica concreta, donde se encuentre la especie animal que actúa como huésped natural del patógeno.

cartel señalizador de riesgo de garrapatas
Imagen 2. En algunas zonas del mundo las garrapatas pueden transmitir enfermedades potencialmente mortales. En la imagen, un cartel en una zona acuática en Brasil, donde las garrapatas transmiten fiebre maculosa a partir de capibaras salvajes. Fuente: propia (Rubén Portela)

Tal vez la enfermedad más conocida de todas las que son transmitidas por garrapatas sea la enfermedad de Lyme o borreliosis. Esta enfermedad está causada por bacterias del género Borrelia presentes en Europa o Norteamérica, los efectos de la enfermedad pueden variar entre parálisis de alguna parte del cuerpo, dolores de cabeza o rigidez en el cuello. Una particularidad de esta enfermedad es que los síntomas pueden presentarse tiempo después de la mordedura de la garrapata y en algunas ocasiones la enfermedad puede persistir de forma crónica en el paciente.

Otras enfermedades de origen bacteriano transmitidas por garrapatas son el tifus, la tularemia o la fiebre de las Montañas Rocosas (conocida en Brasil como fiebre maculosa). Incluso más peligrosas son algunas enfermedades víricas, como la meningoencefalitis causada por flavivirus (en Europa y Asia) o la fiebre hemorrágica Crimea-Congo (principalmente en África). Una enfermedad causada por protozoos y transmitida por garrapatas es la babesiosis o piroplasmosis, similar a la malaria.

Un caso muy particular es la mordedura de la garrapata estrella solitaria (Amblyomma americanum), llamada así por tener una mancha de color blanco en su cuerpo rojizo. Esta garrapata es nativa de la zona norte de Sudamérica y ha sido introducida en México y EEUU. Además de actuar como vector de transmisión de distintas enfermedades como tularemia, enfermedad de Lyme o el virus Heartland, la propia saliva de la garrapata puede provocar en el huésped una alergia persistente a la carne. Una vez se manifiestan los síntomas, el consumo de carne roja puede provocar un shock anafiláctico mortal. Todavía no se conocen muy bien las causas de este llamativo fenómeno, pero parece estar ligado a la inmunoglobulina E, un tipo de anticuerpo.

Existe otra enfermedad causada por la saliva de algunas garrapatas, que no es provocada por un agente infeccioso, y es la parálisis por picadura de garrapata. Esta enfermedad es causada por una neurotoxina que todavía no se ha podido aislar. Los síntomas comienzan varios días tras la mordedura de la garrapata, cuando ésta todavía se encuentra pegada al huésped, e incluyen fatiga muscular y una progresiva parálisis de las extremidades, que puede desencadenar una insuficiencia respiratoria mortal. La mejor técnica preventiva para esta enfermedad (y la única que existe) es la eliminación de la garrapata, tras lo cual los síntomas que se hayan manifestado suelen desaparecer de forma progresiva.

Formas de eliminar una garrapata

Como ya hemos mencionado, las garrapatas pueden transmitir patógenos infecciosos que se encuentran en la sangre de sus huéspedes. Durante la etapa alimenticia de la garrapata, esta ingiere sangre del huésped y a medida que se va hinchando puede regurgitar parte de la sangre ingerida de vuelta al huésped, lo cual causa la infección. Por este motivo no se recomienda en ningún caso apretar el cuerpo de la garrapata, donde se encuentra la sangre ingerida, o podría producirse este reflujo de sangre mezclada con organismos patógenos.

La conocida técnica de cubrir a la garrapata de aceite o alcohol para que se libere del huésped tampoco es recomendable, pues puede provocar un reflujo de sangre de vuelta al huésped. Quemar la garrapata también puede provocar este reflujo.

La forma correcta de eliminar una garrapata es utilizando pinzas, sujetando al ácaro por la parte del cuerpo más próxima a las mandíbulas, evitando apretar el resto del cuerpo. No se debe retorcer la garrapata mientras está enganchada, pues esto podría desgarrar la piel. Se debe tirar moviendo la pinza arriba y abajo, hasta que las mandíbulas se hayan soltado o desprendido. En caso de que restos bucales de la garrapata hayan quedado en la herida, deben ser retirados.

La herida debe ser desinfectada posteriormente. Debemos asegurarnos de que la garrapata está muerta una vez extraída, envolverla en cinta adhesiva es una forma infalible de asegurar esto. A pesar de su pequeño tamaño, son sorprendentemente resistentes si se las intenta aplastar.

Una forma óptima de eliminar garrapatas es matarlas previamente mediante la aplicación local de frío, por ejemplo con un espray de cloruro de etilo. Esto evita cualquier posible reflujo del contenido gástrico de la garrapata y facilita su posterior eliminación con pinzas. En caso de que detectemos una garrapata en nuestra piel, la mejor solución suele ser acudir a un centro médico para que allí sea extraída de forma segura.

Consejos para salir al campo en época de garrapatas

Para evitar a estos molestos ácaros durante las salidas al campo, basta con seguir unos pequeños consejos, especialmente en primavera que es la época más intensa en cuanto a estos ácaros.

  • Llevar ropa que cubra todo el cuerpo como pantalones largos y manga larga en los brazos
  • Llevar botas y calcetines que impidan que las garrapatas se cuelen como por ejemplo, el poco estético pero muy práctico, llevar los calcetines por encima del pantalón
  • La ropa a ser posible que sea de color claro para identificar fácilmente si alguna garrapata se ha posado sobre nosotros
  • Utilizar repelentes para evitarlas y evitar pasar por las zonas de vegetación frondosa pues como se ha mencionado las garrapatas se encuentran ahí posadas.
  • Sentarse en zonas con mucha vegetación tampoco se recomienda.
  • A la vuelta a casa, revisarse por si alguna garrapata se ha adherido a nosotros, siendo más exhaustivos con el pelo, ingles, axilas, ombligo, detrás de las orejas… y ducharse.
  • La ropa de vuelta del campo debería lavarse con agua caliente.
  • Si vas con mascotas al campo, utiliza un buen repelente y revísala al volver a casa.

Fuentes

  1. Mans BJ, Louw AI, Neitz AW (2002). Evolution of hematophagy in ticks: common origins for blood coagulation and platelet aggregation inhibitors from soft ticks of the genus Ornithodoros. Molecular Biology and Evolution. 19 (10): 1695–705. 
  2. Levi T, Kilpatrick AM, Mangel M, Wilmers CC (2012). Deer, predators, and the emergence of Lyme disease. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America. 109 (27): 10942–7.
  3. Stone BF, Binnington KC, Gauci M, Aylward JH (1989). Tick/host interactions for Ixodes holocyclus: Role, effects, biosynthesis and nature of its toxic and allergenic oral secretions. Experimental and Applied Acarology 7 (1): 59-69.

About Rubén Portela

Biólogo, doctorado en ecología por la Universidad de A Coruña. Apasionado por la ciencia y enamorado desde la infancia de la naturaleza y los animales, especialmente la biología marina y los insectos.

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