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Animales inmortales, ¿mito o realidad?

En biología, la inmortalidad se refiere al estado en el cual una célula u organismo es capaz de sobrevivir por un tiempo indefinido sin sufrir las consecuencias de la senectud, o vejez. En circunstancias normales, una célula puede replicarse un número limitado de veces y las nuevas células producidas acumulan una serie de defectos persistentes, que desencadenan la muerte del organismo.

Existen varios organismos que han alcanzado lo que se conoce como inmortalidad biológica, pudiendo seguir vivos por un tiempo indefinido una vez alcanzan la etapa adulta de su desarrollo. Por supuesto, el hecho de poseer inmortalidad biológica no implica que el animal no pueda morir por causas ajenas al envejecimiento celular. Uno de los casos más conocidos de este fenómeno es el de una medusa con un ciclo vital muy peculiar.

La medusa de la eterna juventud

Las medusas, al igual que las gorgonias, los corales y las anémonas marinas, pertenecen al filo de los cnidarios. Una característica común de todos los cnidarios es que su ciclo vital se divide en dos partes bien diferenciadas: una en la que el individuo es sésil y permanece anclado al sustrato (pólipo) y otra en la que el organismo flota libremente en la columna de agua (medusa).

La diferencia entre los diferentes cnidarios es que las medusas alcanzan su madurez sexual durante la fase de (valga la redundancia) medusa, mientras que las gorgonias, corales y anémonas lo hacen durante la fase de pólipo. Mientras que las medusas adultas recurren a la reproducción sexual para producir nuevos pólipos, cada pólipo puede dar lugar de forma asexual a varios individuos juveniles, llamados éfiras, que maduran hasta dar lugar a medusas con capacidad reproductora. Todas las éfiras producidas por un pólipo son clones genéticamente idénticos.

Imagen 1. Las medusas pasan su vida adulta flotando libremente en el agua, pero su forma juvenil es un pólipo que se ancla al fondo marino. Mientras se encuentran en forma de pólipo, un individuo es capaz de producir múltiples clones.

Existen algunas medusas que poseen la capacidad de regresar a la fase de pólipo una vez alcanzada la etapa adulta de su ciclo vital. Este fenómeno se conoce como transdiferenciación y consiste en la transformación de una célula que no es célula madre en otro tipo de célula.

La característica principal de las células madre es precisamente que pueden transformarse en cualquier tipo celular, característica de la cual carecen otros tipos celulares una vez se han especializado. De ahí que este fenómeno descrito en algunas medusas sea tan singular, pues no se conocen otros organismos capaces de realizar esta alteración en su organismo. Esto ocurre como respuesta a algún estrés, ya sea una amenaza ambiental, una enfermedad o bien la vejez. 

Algunas especies de medusas capaces de realizar este proceso son Turritopsis dohrnii (previamente conocida como T. nutricula  y llamada comúnmente “medusa inmortal”, por ser la primera en la que se descubrió este fenómeno), Laodicea undulata o varias especies de Aurelia sp.

Así, lo característico de estas medusas es que son capaces de revertir su ciclo vital y regresar a una etapa juvenil una vez alcanzada la madurez. Una vez en forma de pólipo, cada individuo puede dar lugar de forma asexual a varias éfiras, que madurarán hasta convertirse en medusas adultas. Así pues, en cierto modo, se puede considerar que estas medusas han alcanzado la inmortalidad biológica.

Otros animales inmortales

Existen varios tipos de organismos que han desarrollado estrategias para evitar la senectud celular, pudiendo permanecer vivos por tiempo indefinido una vez alcanzada su madurez y considerándose muchas veces animales inmortales.

Uno de estos organismos es la hidra de agua dulce. Las hidras, al igual que las medusas, son un tipo de cnidario, que alcanzan su madurez sexual durante la fase de pólipo, por lo que pasan la mayor parte de su vida ancladas al sustrato. Las hidras son capaces de reproducirse de forma asexual mediante gemación, dando lugar a organismos genéticamente idénticos. La edad de estos organismos parece no tener un efecto negativo sobre ellos, pero todavía no se conoce el mecanismo exacto por el que las hidras evitan la senectud celular.

Animales inmortales: planarias

Otro organismo que es inmune a los efectos de la vejez son las planarias, un tipo de gusano plano con asombrosas capacidades regenerativas y que pueden reproducirse de forma sexual o asexual. También pueden sobrevivir de forma indefinida una vez alcanzada su forma adulta, gracias a que las células envejecidas pueden ser sustituidas por células jóvenes de forma continua. La replicación de células de forma indefinida es posible en estos organismos gracias a que poseen una enzima denominada telomerasa, también presente en las células madre, que permite a sus células dividirse de forma ilimitada. 

Las planarias se reproducen de forma asexual de forma controlada, mediante fisión, o bien por regeneración de fragmentos después de que un agente externo haya dañado su cuerpo. Estos organismos son capaces de regenerar su cuerpo entero a partir de unas pocas células, gracias a la existencia de unas células llamadas neoblastos, que pueden diferenciarse en distintos tipos celulares y suponen un 20% de las células de una planaria adulta. Los mecanismos regenerativos de las planarias pueden dar lugar a situaciones peculiares. Así, si sufren un corte longitudinal en su cabeza, el individuo producirá dos cabezas sanas y continuará viviendo.

Las langostas: otro animal «inmortal»

Todos los ejemplos que hemos visto hasta ahora son organismos de una complejidad limitada y pequeño tamaño. Sin duda el caso más sorprendente de animal “inmortal” son las langostas marinas. Estos crustáceos, al igual que las planarias, también poseen la enzima telomerasa, que permite a sus células dividirse de forma ilimitada, lo cual las hace inmunes a la senectud. No obstante, como comentábamos al inicio de este artículo, el envejecimiento celular no es el único factor que provoca la muerte de un organismo. 

Las langostas, al igual que otros crustáceos, precisan mudar su caparazón para poder crecer. Este proceso consume una gran cantidad de energía y recursos, por lo que eventualmente una langosta puede morir de agotamiento realizando una de sus mudas. Por otra parte, se ha observado que las langostas de mayor edad pueden detener este proceso y mantener un tamaño estable (lo cual indica cierto grado de control sobre la multiplicación celular).

Sin embargo, al no mudar su exoesqueleto, este se deteriora permitiendo la entrada de parásitos y causando infecciones, que terminan matando al animal. Por lo tanto, a pesar de que las langostas no padecen envejecimiento celular, no son inmortales. 

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Imagen 2. Las langostas marinas no padecen los efectos de la vejez, gracias a que poseen la enzima telomerasa, que permite a sus células dividirse de forma indefinida. Sin embargo, las mudas de su caparazón son el factor que limita su longevidad.

Inmortalidad biológica

Como se ha explicado, la inmortalidad biológica se refiere a la capacidad que tienen algunas especies de evitar los efectos negativos de la vejez a nivel celular.

En todos los ejemplos antes mencionados, excepto en el caso de las langostas, la reproducción asexual permite camuflar el efecto de otros factores diferentes a la senectud, dando la impresión (falsa) de que algunos animales pueden pervivir por tiempo ilimitado, cuando realmente lo que perdura son los clones del individuo original y por tanto, no son animales inmortales.

Fuentes:

  1. Masoro EJ (2006). Austad SN (ed.). Handbook of the Biology of Aging. San Diego, CA: Academic Press. ISBN 978-0-12-088387-5.
  2. Stefano P, Boero F, Aeschbach B, Schmid V (1996). «Reversing the life cycle: medusae transforming into polyps and cell transdifferentiation in Turritopsis nutricula (Cnidaria, Hydrozoa)». Biological Bulletin. 190 (3): 302–312.
  3. Martínez DE (1998) Mortality patterns suggest lack of senescence in hydra. Experimental Gerontology 33(3):217–225.
  4. Thomas CJT, Rahman R, Jaber-Hijazi F, Felix DA, Chen C, Louis EJ, Aboobaker D (2012). Telomere maintenance and telomerase activity are differentially regulated in asexual and sexual worms. PNAS. 109 (9): 4209–4214.
  5. Klapper W, Kühne K, Singh KK, Heidorn K, Parwaresch R, Krupp G (1998). Longevity of lobsters is linked to ubiquitous telomerase expression. FEBS Letters. 439: 143–146.
  6. Foto de portada: Aurelia aurita, especie de Aurelia sp. CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1031693

About Rubén Portela

Biólogo, doctorado en ecología por la Universidad de A Coruña. Apasionado por la ciencia y enamorado desde la infancia de la naturaleza y los animales, especialmente la biología marina y los insectos.

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