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¿Las plantas sienten?

¿Te has preguntado alguna vez si las plantas sienten? Seguramente sí, ya sea por convicciones morales o éticas o simplemente por curiosidad, esta pregunta debe haber pasado por tu mente.

Si un árbol cae y nadie está ahí para escucharlo, ¿siente dolor, se siente solo? Si una planta es atacada, o cortamos una flor o una rama, ¿siente dolor la planta por haberle arrancado una parte?

plantas sienten

Un grupo de expertos en fisiología vegetal han publicado un artículo de opinión al respecto, el pasado 3 de julio en la revista Trends in Plant Science. Su conclusión es que no, las plantas no sienten dolor, ni sienten en general.

Estudiar si las plantas sienten, un motivo de debate

La llegada a esta conclusión se basa en los resultados de la investigación de Todd Feinberg y Jon Mallatt que exploran la evolución de la consciencia a través de estudios comparativos de cerebros animales simples y complejos.

De acuerdo a su estudio, sólo los vertebrados, artrópodos y cefalópodos tienen la estructura cerebral suficiente para tener consciencia. Hay una gran cantidad de animales que no tienen consciencia como los berberechos, esponjas, medusas

El que las plantas sientan implica que tengan un cerebro o estructura nerviosa desarrollada para que piensen, aprendan y que elijan sus acciones intencionalmente. Sin embargo, las plantas no tienen neuronas por lo que tampoco tienen cerebro.

Esto se contradice y pone de relieve el debate existente desde que en 2006 se constituyera la neurobiología de las plantas como una nueva rama de la biología y la botánica. Se alzaron voces en contra de esta nueva línea de estudio ya que argüían que las plantas no tienen ninguna neurobiología que estudiar.

De acuerdo a Lincoln Taiz, catedrático emérito de biología molecular, celular y del desarrollo de la Universidad de Santa Cruz, existe el peligro de antropomorfizar a las plantas lo que puede minar la objetividad del investigador. Plantas y animales evolucionaron con estrategias muy diferentes. El cerebro es un órgano muy caro energéticamente hablando y a las plantas no les aporta ninguna ventaja el hecho de desarrollar un sistema nervioso.

Los defensores de la neurobiología de las plantas dibujan paralelismos entre las señalización eléctrica que se produce en las plantas y el sistema nervioso de los animales. Estos paralelismos implican que el cerebro no es algo más complejo que una esponja mientras que el modelo de consciencia de Feinberg-Mallat, describe que se requiere un nivel específico de organización compleja que es requerida para la experiencia subjetiva del dolor.

Las respuestas de las plantas al dolor o a los ataques

La señalización eléctrica en plantas se puede hacer de dos formas diferentes:

a) para regular la distribución de las moléculas cargadas a través de las membranas: por ejemplo, esta vía es la que hace que las plantas curven sus hojas porque el movimiento de los iones resulta en el movimiento del agua a través de las células y por tanto se curvan las hojas. Esto cambia su forma.

b) enviar mensajes a larga distancia a través del organismo: en esta vía por ejemplo, si un insecto muerde una hoja puede iniciar las estrategias de respuesta de hojas más distantes en la planta. Según parece esta vía se activa por la molécula glutamato al igual que sucede en animales aunque la velocidad de su expansión es del 2 milímetros por segundo mientras que en animales es de 120 metros por segundo. Aunque no puedan quitarse al insecto u oruga de encima, la planta es capaz de segregar sustancias tóxicas que les sirvan de defensa ante los insectos.

En ambos casos, parece que la planta pueda elegir cómo reaccionar a un estímulo, pero los detractores de la neurobiología vegetal enfatizan que son respuestas que están codificadas genéticamente y que se han ido afinando con la selección natural. Además, al no existir una estructura nerviosa la experiencia subjetiva del dolor no llega a producirse.

Los defensores de que las plantas sienten ponen de ejemplo la aparente habituación de Mimosa pudica. En su experimento, una planta cae y sus hojas se enrollan a modo de defensa. Después de que la planta caiga varias veces, sin daños serios, las hojas dejan de curvarse. Cuando se agita la planta, las hojas se enroscan, eliminando aparentemente la fatiga motora como causa de la falta de respuesta cuando se deja caer.

Entre las hipótesis que contestan a esta cuestión se pone de manifiesto que la agitación fue bastante violenta. Dado que el estímulo agitador fue más fuerte que el de caída, no descarta que haya adaptación sensorial pero no implica que haya aprendizaje.

En el caso de otro estudio bastante interesante, el llevado a cabo con Pisum sativum, guisantes, se critican que los controles no estuvieron bien planteados. En este estudio, se buscó relacionar la presencia de luz con un estímulo neutro (el aire de un ventilador) al más puro condicionamiento de Pavlov. Los investigadores consiguieron que las plantas respondieran ante un estímulo neutro (el ventilador) como anticipador de la presencia de luz.

Quizá el término neurobiología vegetal es muy ambicioso dado que las plantas no tienen neuronas, si no un entramado de mecanismos que les permiten responder y adaptarse al medio de maneras muy diversas y similares a animales pero no iguales.

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About G. Costas

Licenciada en Biología con las especialidades ambiental y marina por la Universidad de Alicante.

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