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¿Se pegan los imanes en los brazos después de la vacunación?

Desde el inicio de la pandemia del COVID-19 se han propagado una serie de rumores y teorías conspirativas, tanto sobre el origen del virus SARS-CoV-2, como en contra de las medidas adoptadas para frenar su contagio, así como acerca de las vacunas. Como era previsible, no han sido pocos los bulos que han circulado acerca de las vacunas una vez estas han comenzado a administrarse a la población. 

Un bulo que alcanzó especial relevancia y se volvió viral en mayo de 2021 afirmaba que las vacunas contenían algún ingrediente que confería magnetismo a quienes las recibían. Esto se popularizó en redes sociales en forma de “magnet challenge”, una serie de vídeos en los que personas que se habían vacunado mostraban cómo imanes u objetos metálicos se pegaban a su brazo. En este artículo explicaremos porqué es falso que las vacunas confieran magnetismo.

La teoría del microchip

Circula desde hace años el rumor de que las vacunas contienen microchips que monitorizan a las personas vacunadas, tanto su posición mediante señal GPS como sus constantes vitales. Esto no puede ser cierto por varios motivos: no existen microchips lo suficientemente pequeños como para pasar por la aguja de una jeringuilla como las que son usadas para administrar vacunas, y esos microchips necesitarían alguna fuente de electricidad para funcionar y enviar señales.

Imagen 1. La teoría de que las vacunas contienen microchips no tiene una base real, ya que no se han desarrollado chips lo suficientemente pequeños como para ser insertados en la aguja de una jeringuilla como las que se usan para administrar vacunas.

Sí que existen, sin embargo, microchips que se pueden implantar bajo la piel y que envían señales de identificación por radiofrecuencia (RFID). Estas señales funcionan de forma pasiva, por lo que no requieren de una fuente interna de electricidad. Sin embargo, estos chips tienen un tamaño notable, de más de un centímetro de largo, por lo que se necesitan jeringuillas especiales para su colocación y pueden notarse bajo la piel. Las vacunas del COVID-19 no contienen nada parecido.

A pesar de la falta de evidencias concretas, la teoría de los microchips volvió a ganar popularidad durante el desarrollo de las vacunas del COVID-19, y una vez estas estuvieron disponibles al público, muchos estaban convencidos de que contenían microchips. Este fue el origen del “magnet challenge”, en el que personas que se habían vacunado compartían vídeos en redes sociales en los que mostraban cómo imanes se pegaban al brazo en el que habían recibido la vacuna.

Los imanes permanentes generan un campo magnético continuo, que atrae a otros imanes o a metales ferromagnéticos (hierro, cobalto, níquel y aleaciones de estos, como algunos tipos de acero). Las vacunas del COVID-19 no contienen ninguno de estos ingredientes, por lo que no pueden generar un campo magnético en el punto de la inyección. Además, un chip no causaría este efecto, puesto que el material del que están fabricados es silicio, un elemento no magnético.

Otros vídeos muestran como el supuesto magnetismo causado por la vacuna se expande por todo el cuerpo, lo cual resulta todavía menos creíble. Por poner esto en perspectiva, recordemos que la sangre contiene hierro, que forma parte de la hemoglobina. Un adulto puede tener en su organismo entre 3 y 4 gramos de hierro, y a pesar de ello esa cantidad es insuficiente para generar un campo magnético que pueda atraer un imán. 

imanes y vacunas
Imagen 2. Los imanes permanentes poseen un campo magnético que atrae otros imanes, así como materiales ferromagnéticos. No todos los metales son atraídos por un imán, solo el hierro, el cobalto, el níquel y sus aleaciones.

Las vacunas del COVID-19 tienen un volumen que oscila entre 0,3 ml en el caso de la vacuna de Pfizer y 0,5 ml en las vacunas de Moderna y Janssen. Aunque todo ese volumen correspondiera a una sustancia magnética, sería insuficiente para inducir un campo magnético por todo el cuerpo, ni tampoco en el punto de la inyección.

La teoría de los ingredientes magnéticos

Pero los vídeos fueron más allá, llegando a mostrar cómo objetos metálicos como clips, llaves o tenedores se pegaban a la piel de las personas vacunadas. Para que esto fuera posible, sería necesario haber inyectado un imán bajo la piel, o bien alguna sustancia que genere un campo magnético fuerte semejante al de un imán. 

Esto sería inexplicable por la teoría del chip, por lo que los teóricos de las conspiraciones dejaron volar su imaginación y buscaron explicaciones tan peregrinas como que las vacunas contienen óxido magnético de grafeno o proteínas cristalinas con propiedades magnéticas, sustancias que generarían un campo magnético y servirían supuestamente para el control mental de la población. Por supuesto, las vacunas del COVID-19 tampoco contienen estos ingredientes. 

Otro aspecto llamativo de estos vídeos es que en algunos de ellos se usan monedas de 10, 20 o 50 céntimos de euro, las cuales no contienen metales magnéticos puesto que están fabricadas con una aleación del 88% de cobre, 5% de aluminio, 5% de zinc y 2% de estaño. Por lo tanto, estas monedas no serían atraídas por un imán y si se quedan pegadas a la piel se debe a otra causa. 

Explicación racional del fenómeno

Puesto que las vacunas no contienen ingredientes magnéticos, el hecho de que imanes u objetos metálicos se queden pegados a la piel debe tener otra causa. Una posible explicación sería que los objetos, o bien la piel, están cubiertos de alguna sustancia adhesiva. La saliva puede ser suficiente para adherir objetos de poco peso a la piel, como puede ser el caso de pequeños imanes o monedas.

Pero existe otra explicación al fenómeno, y es que el sudor puede permitir la adherencia de objetos pequeños a la piel, como imperdibles o monedas. Esto ocurre porque la fricción existente entre el objeto y la piel es suficiente como para superar la fuerza que la gravedad ejerce sobre el objeto, de forma que este se sostiene sobre la piel. Sin embargo, no se debe a la existencia de un campo magnético bajo esta.

Por lo tanto, los vídeos en los que se muestran imanes u objetos metálicos pegados a la piel de personas que han recibido alguna de las vacunas del COVID-19 no se deben a que las vacunas contengan ingredientes metálicos, microchips o alguna sustancia que genere magnetismo. Se tratan o bien de bulos o bien de vídeos de humor que han contribuido a que esta teoría conspirativa, sin una base real, se vuelva viral.

Fuentes

  1. https://www.wired.com/story/no-covid-19-vaccines-wont-make-you-magnetic-heres-why/
  2. https://www.hackensackmeridianhealth.org/HealthU/2021/01/11/a-simple-breakdown-of-the-ingredients-in-the-covid-vaccines/

Rubén Portela
Biólogo, doctorado en ecología por la Universidad de A Coruña. Apasionado por la ciencia y enamorado desde la infancia de la naturaleza y los animales, especialmente la biología marina y los insectos.